jueves, 4 de septiembre de 2008

After del after...

Con mi cara ya lamida y con unas varias cervezas encima, decidimos que era hora de dejar el bar y retornar a nuestros respectivos hogares.
Caminamos hasta Alem con mi amiga y esperamos con ansias a que llegase el colectivo. El viento que soplaba revolviendo nuestros cabellos y bajando la temperatura de nuestros cuerpos, los cuáles estaban cubiertos al punto de parecer el muñeco de Michelín, y haciendo que el sólo hecho de divisar el autobus generara una alegría tremenda en nosotras.
Sin embargo, al ver que un colectivo de otra línea se estacionaba cerca de donde estábamos, tapandonos y haciendo que el conductor de nuestro medio de transporte no nos viera, nos avalanzamos sobre la calle, agitando nuestros brazos animadamente y arriesgando nuestras vidas en un intento desesperado por parar al vehículo en cuestión.
Finalmente, el amable colectivero nos vió, frenó y estacionó en la parada correspondiente para que pudiéramos abordar. Lo de amable, no fue sólo por el hecho de que haya parado (aunque era lo que correspondía, a veces estos sujetos siguen de largo dejándolo a uno mirando como son van y haciendo que recordemos a todas las integrantes femeninas de su familia), sino también porque con voz de galán de cine nos dijo mientras esperábamos para sacar el boleto:
- ¿Cómo iba a dejar a "los angelitos" abajo con el frío que hace y a esta hora?
- ...[Risa de compromiso... jeje] Gracias por lo de angelitos... *
- Y si... no es para menos... jeje
- Bueno... hasta Villa Adelina por favor.
- Como no angelito [sonrisa de cotè]
- [je je je... compromiso]
- ¿Vienen de un after no?
- ¿Eh... si... ? ¿Tanto se nota?
- Un poquito, pero no les queda mal..
-

*Nótese que teníamos cierto grado de alcohol en sangre.

Después de algunas charlas que amenizaron el viaje, llegó el momento en que mi amiga descendió, dejándome sola el resto del recorrido que me quedaba hasta casa. Mi fiel reproductor de MP3 me hizo compañía hasta que finalmente vi la esquina que uso de referencia para pararme, caminar hasta la puerta del colectivo y tocar timbre para poder bajar.
Una vez que hice lo anterior, el vehículo fue aminorando la velocidad hasta frenar. Sin embargo, la puerta no se abría, por lo que... como cualquier otro ser humano en esa situación haría, miré en dirección al chofer para ver si me daba alguna señal sobre lo que estaba pasando.
La señal fue muy clara. Estaba haciendo señas para que me acercara adónde estaba él. Todavía escuchando música, fui hasta adelante pensando (inocentuda yo... ) que la puerta de atrás no abría y que tenía que bajar por ahí.
Una vez que estaba en el lugar, el Sr Colectivero me dice:
- ¿Qué pensás si te invito a un After after after?
- [risa nerviosa] Pienso que me bajo en esta parada y me voy a dormir.
- Pero... una cervecita más no hace nada...
- Pero... me bajo y me voy a dormir. Chau.
Y bajé, riéndome sola, no se si de nervios o de boluda, pero por lo menos, llegué a casa. Aclaro que el colectivero era pelado. Ahora no se va a entender, pero a medida que vaya escribiendo, se van a ir enterando el porqué este detalle es importante para comprobar una teoría desarrollada por Herminia.

No hay comentarios: