viernes, 7 de noviembre de 2008

NO a la discriminación

Me quedaron un par de cositas por comentar con respecto a la fiesta a la que fui la semana pasada. Si bien es conocida como fiesta gay, hay gente con todo tipo de inclinación sexual ahí adentro. Creo que no hay zoofílicos porque no dejan entrar animales, pero no falta mucho tampoco...
Yo no tengo problemas con el tema de las preferencias de cada uno con respecto a lo que le guste hacer con respecto al sexo, pero no me gusta cuando hay discriminación.
Y justamente eso es lo que yo sentí el otro día. Obviamente, mi peinado no le llegaba ni a los talones a los peinados del resto. No había un sólo pelo que no estuviera estratégicamente ubicado.
Como quienes me conozcan en persona sabrán y podrán deducir, mi pelo no entraba en esta categoría, menos después de la segunda canción que bailé al ritmo de Miranda, Coco Paragua y otros grandes músicos.
Mi vestimenta tampoco estaba acorde a la del resto. No me gustan los chupines. Eso ya me resta puntos.. ok.. tengo el flequillo flogger... eso debería sumar... no se.. qué más.. ahh.. tenía una remera de la temporada pasada: GRAN CRIMEN!!!
Pero bueno... ¡¡¡tampoco era para que me tocaran sólo con las puntas de los dedos para pedirme permiso y pusieran carita de asco!!! Mi falta de sentido de la moda no es contagiosa tampoco...

Y bueno... en eso estaba yo, intentando recuperarme de esta sensación de discriminación, cuando aparecen dos muchachos, uno de ellos negro. Hasta ahí, nada del otro mundo. Una persona más de las que había pasado por donde estábamos. Sin embargo, sin decir absolutamente nada, el muchacho de color (no se por qué dicen así... ¿¡¿¡el resto de las pieles no tiene color?!?!), pasa su brazo por sobre mi hombro, inclina mi cuerpo hasta que queda enfrentado a la cámara de fotos, posa y su amigo captura la imagen. Acto seguido, quita su "cara de foto", su brazo de mi hombro, toma la cámara y sigue su camino...
Yo no entendí... pero el gaste porque el chico este haya hecho lo que hizo, me lo comí. Según mis amigos, se sigue cumpliendo la teoría del NPR conmigo...
(para los que no se acuerden, según observaciones de gente muy cercana a mi, toda aquélla persona que es negra o pelada o recepcionista, tiene mayor predisposición que personas de un grupo diferente a éste, como para tenerme ganas, quererme dar o como quieran llamarle)

lunes, 3 de noviembre de 2008

La prueba de la firmeza

Para todos los que me preguntaban que andaba pasando con los posts del blog, la respuesta es simple: estoy demasiado vaga y con mucha fiaca, pero en algún momento tengo que ponerme media pila y volver a escribir, ¿no? Más, cuando las fuerzas interplanetarias, cósmicas y extrasensoriales se combinan para hacer que se siga generando material digno de ser compartido.

Justamente por la vagancia con la que ando, no va a ser demasiado extensa esta entrada. Simplemente, voy a comentar algunas cosas interesantes que sucedieron el viernes pasado durante el festejo de cumpleaños de mi amigo el "Dotor".

La noche empezó dentro de todo tranquila. Todo normal, nada fuera de lo común. Pero en uno de los taxis que tomamos en esa noche con Hermi, el señor taxista tuvo para con nosotras una demostración que en mi caso, consideré un tanto excesiva. O sea.. si papá se saca la comida de los dientes con un escarbadientes estando en casa, todo bien. Si alguien se pasa hilo dental en la intimidad de su baño, buenísimo. Lo felicito por mantener su higiene bucal. Ahora... cuando el taxista agarra un pedazo de papel y lo pasa entre sus dientes para sacar los restos de choripán, pancho, sandwich de miga, medio lechón o lo que sea que pueda ocurrírseles que entre en la categoría de "comida que cuando se mete entre los dientes, no se puede sacar con la lengua o sin recurrir a un elemento auxiliar que no consista del dedo, o en su defecto una uña"...
El viaje siguió tranquilamente hasta llegar a destino. El señor cobró lo que le debíamos y por suerte no nos tuvo que dar vuelto. Yo realmente no quería que ningún pedazo de alimento cayera junto con algún billete, en mis suaves y delicadas manos.

Entramos a la fiesta, después de pasar por el control de la puerta hecho por una mujer (que en realidad nos dimos cuenta de su género porque tenía tetas y una tarjetita con su nombe: Norma) que parecía salida de la mismísima "12" o de "los borrachos del tablón" y fue todo bien. Bailamos, tomamos, nos reímos DE la gente y no CON ella, transpiramos y nos quedamos medio sordos por el volumen de la música.
Tanta cerveza hizo que, como es lógico siendo esta bebida un diurético y teniendo yo una capacidad limitada para retener líquidos, tuviese que ir al baño. Camino a ese lugar sagrado, tengo la buena fortuna de que dos sujetos me intercepten y que no tengan mejor idea que intentar mantenerme en el lugar haciéndome "sandwichito". A todo esto, mi cara dejaba ver ya que no podía aguantar mucho más para hacer aquéllo a lo que me estaba encomendando antes de que ellos aparecieran.
Ya sin poder soportar, les pido por favor que me dejen ir al baño porque no aguanto más. Me dicen que me dejan ir con una condición. Obviamente, yo no llegué ni a escucharla, pero si sentí unas manos en una de mis nalgas (si si.. me tocaron el culo), las cuales frente a mi puteada salieron enseguida del lugar.
Acto seguido, empecé a gritarles, aunque me hizo sentir mal haberlo hecho después de que justificaran el porqué lo habían hecho: "Queríamos ver si tenés el culo firme y la verdad es que está bastante durito"
¡Amén!

¡¡¡¡OJO!!!! Aclaro: esto pasó porque estos tipos no me dieron tiempo para reaccionar antes de consumar el hecho. No voy a aceptar ningún pedido de comprobación de culo firme de nadie que lea este blog y quiera ver si estaban en lo cierto o estaban mintiendo vilmente. Tampoco lo voy a aceptar del que no lea este post y se entere por otro medio, ni del que sea medio pelotudo como para querer intentar usar semejante boludez para intentar tocarme el culo.

Sin más, los despido atentamente hasta mi próxima aparición,
¡Que tengan una linda semana!

lunes, 8 de septiembre de 2008

Historia del taxi 1

Desde hace ya algún tiempo, me vengo planteando la necesidad de poder compartir mis experiencias en los viajes en taxi que estoy teniendo últimamente.
Para aquellos que no me conozcan demasiado, les cuento que vivo en el Gran Buenos Aires, adonde este tipo de medio de transporte no es demasiado común. Es más normal viajar en su primo el "remis". Por eso también, es que no deja de asombrarme cómo en cada uno de mis (pocos) viajes en taxi, colecciono anécdotas.

Yo no se si hay algún rasgo característico que haga que la gente piense que alguien es digno de confianza y que puede ser su confidente. No se tampoco si será que por el sólo hecho de saludar al subir al vehículo y de demostrar un mínimo de educación al pedir "por favor" después de dar la dirección de destino, o decir "gracias" como respuesta a algo que el chofer dice o qué... pero cada vez me sorprende más la cantidad de confidencias que nos hacen los taxistas cada vez que viajamos.
Hablo en plural, porque por lo general estoy con Herminia cuando nos pasan estas cosas. Como son varias las anécdotas y todas son interesantes desde diferentes puntos de vista, y por alguna hay que empezar, voy a hacerlo por una que nos pasó el fin de semana pasado:

Después de una noche de salida con amigos, nos volvimos desde Ramos Mejía en colectivo hasta Palermo. Desde ahí, nos quedaba un ratito más hasta la casa de Herminia, pero dado el frío que hacía, el dolor de cabeza que tenía ella y el dolor de estómago que tenía yo (me agarró un espasmo mal y no podía ni moverme), decidimos que lo mejor era no ser amarretas e invertir en un taxi en lugar de congelarnos durante la espera por el 67.

No podíamos sentirnos más afortunadas en el momento en que sin realizar seña alguna, uno de los automóviles de techo amarilla estacionó frente a nosotras para que bajase un pasajero y podamos subirnos nosotras. Todo era alegría ya que pudimos subir enseguida y refugiarnos en un lugar en el cuál nos sentíamos al menos un poquitititititito mejor que bajo el viento helado. Ahora... como todo aquello que es demasiado bueno, terminó durando poco.
Como respuesta a la indicación sobre adonde queríamos ir, obtuvimos la típica pregunta de:
Tachero - ¿Voy por algún camino en especial chicas?
Nos - Bueno, tome la calle Sarasa y después vaya por Av Lalalala.
Tacho man - Nahh... voy a ir por Cabildo que es mejor.
Nos - Eh... bueno... está bien (mirándonos entre nosotras con cara de "¿para qué mier.. preguntó?"
Tachero - ¡Qué linda es la edad de ustedes chicas... recién volviendo de la joda a esta hora de la mañana y yo laburando toda la noche!
Nos - (cri... cri... )
Tacho man - Yo tengo a una de la edá de ustedes. Mi Jermu. Así como me ves y todo, es la tercera. Soy un boludo también
Nos - Y... ¿con una no le alcanzó que tenía que reincidir?
Tacho man - Es que esta pendeja de mierda me enganchó.
Nos - Ah...
Tacho man - Seh... quedó embarazada la boluda y me tuve que hacer cargo de una nena y bancarmela a ella viviendo conmigo.
Nos - [imaginen nuestras caras, Herminia conteniendo una revolución estomacal y yo que no podía ni moverme del dolor que sentía en la boca del estómago, y las dos mirándonos sin poder creer lo que estábamos escuchando] Ud disculpe no... ¿pero me va a decir que a su edad no sabía cómo cuidarse? No le eche toda la culpa a su esposa.
Tacho man - Seh.. qué se yo.. me re cagó. No se cómo sacármela de encima. Yo le vivo insitiendo que se vaya'e casa y me deje a la nena. Pero la hija e puta no se va a ir ni en pedo, no se va ii. No labura, no hace una mierrrrda y tiene casa y morfi e arriba. ¿O te pensá quée boluda? É vaga, no boluda.
Nos - (cri... cri... ) [mirándonos entre nosotras e intentando contener la risa, más por el dolor que nos venía al reírnos que por una cuestión de respeto a Tacho man] Y bueno... ahora ya está... Con un preservativo se solucionaba. Ahora aguántese hombre.
Tachero - ¡No saben las que me hace! [Totalmente abstraído y sin prestar atención a lo que le contestábamos, si no, nos podría haber mandado a la mierda... ] Hoy sin ir má lejo, pinché una goma y la tuve que cambiá. Me enchivé todo, así que me fui pá casa pá cambiarme y pegarme una ducha. La muy turra me empezó a cuestioná de dónde llegaba todo enchivado. A los gritos diciendo que la cago con otra... y yo como un pelotudo arriba e este tacsi de mierda...
Nos - Bueno... son las cosas de la vida [bostezo, dolor, otro bostezo, más dolor... ] Esperemos que haya aprendido y no se mande otra macana de nuevo... Espere!! nos tenemos que bajar acá, se está pasando.
Tacho man - Ahh.. bueno... Las dejo chicaa.
[Efectuamos el pago correspondiente]
Nos - Adiós buen hombre. Tenga suerte con su vida y con su mujer. Y no meta la pata de nuevo, eh.
Tacho man - Nahh... otra vé no me enganchann. Eso me pasa por meterme con pendejaaa. Qué boludo...

viernes, 5 de septiembre de 2008

La teoría NPR

Recientes investigaciones llevadas a cabo por la Licenciada Herminia, han determinado que los hombres que expresan un particular interés hacia mi persona (o algún atributo de la misma), pertenecen al segmento que ha pasado a denominar:
"NRP", sigla para "Negro - Pelado - Recepcionista".
Si bien los experimentos realizados carecen de un sustento en el método científico, aún no se han encontrado los suficientes contraejemplos como para refutarlo (bueno... alguno que otro puede ser...).
Si bien todo esto pueden parecer nimiedades, aseguramos al público que puede ser de interés general para próximos posts de este blog (o algunos ya pasados como el del colectivero y los "angelitos").

jueves, 4 de septiembre de 2008

After del after...

Con mi cara ya lamida y con unas varias cervezas encima, decidimos que era hora de dejar el bar y retornar a nuestros respectivos hogares.
Caminamos hasta Alem con mi amiga y esperamos con ansias a que llegase el colectivo. El viento que soplaba revolviendo nuestros cabellos y bajando la temperatura de nuestros cuerpos, los cuáles estaban cubiertos al punto de parecer el muñeco de Michelín, y haciendo que el sólo hecho de divisar el autobus generara una alegría tremenda en nosotras.
Sin embargo, al ver que un colectivo de otra línea se estacionaba cerca de donde estábamos, tapandonos y haciendo que el conductor de nuestro medio de transporte no nos viera, nos avalanzamos sobre la calle, agitando nuestros brazos animadamente y arriesgando nuestras vidas en un intento desesperado por parar al vehículo en cuestión.
Finalmente, el amable colectivero nos vió, frenó y estacionó en la parada correspondiente para que pudiéramos abordar. Lo de amable, no fue sólo por el hecho de que haya parado (aunque era lo que correspondía, a veces estos sujetos siguen de largo dejándolo a uno mirando como son van y haciendo que recordemos a todas las integrantes femeninas de su familia), sino también porque con voz de galán de cine nos dijo mientras esperábamos para sacar el boleto:
- ¿Cómo iba a dejar a "los angelitos" abajo con el frío que hace y a esta hora?
- ...[Risa de compromiso... jeje] Gracias por lo de angelitos... *
- Y si... no es para menos... jeje
- Bueno... hasta Villa Adelina por favor.
- Como no angelito [sonrisa de cotè]
- [je je je... compromiso]
- ¿Vienen de un after no?
- ¿Eh... si... ? ¿Tanto se nota?
- Un poquito, pero no les queda mal..
-

*Nótese que teníamos cierto grado de alcohol en sangre.

Después de algunas charlas que amenizaron el viaje, llegó el momento en que mi amiga descendió, dejándome sola el resto del recorrido que me quedaba hasta casa. Mi fiel reproductor de MP3 me hizo compañía hasta que finalmente vi la esquina que uso de referencia para pararme, caminar hasta la puerta del colectivo y tocar timbre para poder bajar.
Una vez que hice lo anterior, el vehículo fue aminorando la velocidad hasta frenar. Sin embargo, la puerta no se abría, por lo que... como cualquier otro ser humano en esa situación haría, miré en dirección al chofer para ver si me daba alguna señal sobre lo que estaba pasando.
La señal fue muy clara. Estaba haciendo señas para que me acercara adónde estaba él. Todavía escuchando música, fui hasta adelante pensando (inocentuda yo... ) que la puerta de atrás no abría y que tenía que bajar por ahí.
Una vez que estaba en el lugar, el Sr Colectivero me dice:
- ¿Qué pensás si te invito a un After after after?
- [risa nerviosa] Pienso que me bajo en esta parada y me voy a dormir.
- Pero... una cervecita más no hace nada...
- Pero... me bajo y me voy a dormir. Chau.
Y bajé, riéndome sola, no se si de nervios o de boluda, pero por lo menos, llegué a casa. Aclaro que el colectivero era pelado. Ahora no se va a entender, pero a medida que vaya escribiendo, se van a ir enterando el porqué este detalle es importante para comprobar una teoría desarrollada por Herminia.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Uno solito... ¿si?

Después de unos meses sin ver a dos de mis más grandes amigos, quedamos en vernos en un bar que solemos frecuentar cada vez que queremos tomar unas buenas cervezas después del horario laboral.
Hacía un tiempo que yo no iba a uno de esos lugares e interactuaba con el típico ejemplar de macho argentino. Después de observar un rato el comportamiento de uno de estos individuos durante la ceremonia "levantística" frente a una señorita, pensé que nada podría despertar nuevamente mi capacidad de asombro.
Sin embargo, una vez más encontré a alguien que realmente hizo algo que no esperaba. La situación no fue nada extraordinaria. Mis amigos se fueron a fumar y yo quedé sola en la mesa cuidando la montaña de abrigos, cartera, bolso y bolsito respectivos, además de las respectivas pintas del brebaje de cebada fermentada.
No me extrañó que alguien se acercara y comenzara a dialogar conmigo sobre cosas superficiales. "¿En serio que no estás trabajando? ¿Y en serio que terminaste la facultad? Ay... te felicito... bla, bla, bla.. " Y ahí... vino enseguida la pregunta pelotuda y descolgada (si... sobre todo porque yo le contestaba con monosílabos mientras mandaba un mensaje de texto):

- ¿Te puedo dar un beso?
- ¿Por qué?
- Porque me dieron ganas.
- Ah.. ok... bueno.. a mi no.
- Pero dale. Uno solo... (como si por que fuera sólo uno ya me convenciera... no se.. "Dale... una cucharadita de cianuro... es una sola nomás.. " Dios!!! qué idiotas!)
- Ehh... nop... perdón... pero no.
- Pero uno chiquito.
- Ni chiquito ni grande.

Acto seguido, mientras yo esperaba que esta persona se retirara de mi mesa sin decir siquiera "chau pibe", ni mirarlo, siento una lamida en mi cachete. ¡¡¡¡¡PUAJJJJJJ!!!!! Si si... como lo escribo... una ¡¡LAMIDA!! Por favor... es el colmo de la boludez...
En fin... me quedé ahí sentada limpiándome el cachete cual niño besado por una tía bigotuda y esperando que volvieran mis amigos.

Nota final: Al rato nos cruzamos con el aparato lamedor y siguió insistiendo en que fuera hacia donde estaba porque tenía algo para decirme.... ay ay ay...

domingo, 31 de agosto de 2008

El regreso...

Bueno bueno...
Creo que ya es tiempo de ir retomando la escritura de este blog. No puede ser que hayamos abandonado este pequeño espacio en el que hacemos catarsis, por tanto tiempo.
Es verdad que no estuvimos demasiado cerca de nuestras computadoras y que han sido épocas de mucha joda para algunos de nosotros. Pero lo bueno de no haber publicado nada por tanto rato, es que ahora tenemos bastante material para compartir con todo el mundo y que dejamos que los (pocos y escasos) lectores hayan descansado de nosotros.

Para no empezar aburriendo con historias largas y de esas en las que hay mucho para leer, sólo voy a compartir en esta ocasión, una pequeña historia que ha ocurrido en este último fin de semana.
Después de una cena familiar en la casa de un amigo para festejar que hay un nuevo Médico en el país y en el mundo, decidimos salir a tomar algo por ahí. Terminamos en uno de esos lugares que hay ahora, que no son ni bares, ni boliches. Los muchachos se quedaron con las cosas y con sus charlas en una mesita, mientras con mi compañera de aventuras, la eterna Herminia, nos fuimos para el baño.
Tuvimos obviamente que cruzar toda la pista, esquivando gente que para ese entonces ya estaba entonadita. Por el apuro de llegar a destino, miré una puerta y como tenía el dibujito de un señor, apliqué mi lógica de que el baño de señora/ita (nadie pregunta el estado civil afuera para dejarte pasar) tenía que ser la puerta de al lado... y me mandé con toda mi fuerza para adentro...
Pero NOOOO. ¡¡¡ERRORRR!!! No en este boliche. Así que... bueno... tuve mi autopresentación triunfal ante unos cuantos muchachitos que estaban dentro y los casi veinte que estaban afuera y me vieron mandarme con todo.
Yo soy mandada a hacer para este tipo de Autopresentaciones... obviamente en otro momento me hubiera puesto mal... pero ahora todo me resbala (para no usar la frase "me chupa un huevo"), así que me reí un rato y seguí para el baño femenino.