lunes, 8 de septiembre de 2008

Historia del taxi 1

Desde hace ya algún tiempo, me vengo planteando la necesidad de poder compartir mis experiencias en los viajes en taxi que estoy teniendo últimamente.
Para aquellos que no me conozcan demasiado, les cuento que vivo en el Gran Buenos Aires, adonde este tipo de medio de transporte no es demasiado común. Es más normal viajar en su primo el "remis". Por eso también, es que no deja de asombrarme cómo en cada uno de mis (pocos) viajes en taxi, colecciono anécdotas.

Yo no se si hay algún rasgo característico que haga que la gente piense que alguien es digno de confianza y que puede ser su confidente. No se tampoco si será que por el sólo hecho de saludar al subir al vehículo y de demostrar un mínimo de educación al pedir "por favor" después de dar la dirección de destino, o decir "gracias" como respuesta a algo que el chofer dice o qué... pero cada vez me sorprende más la cantidad de confidencias que nos hacen los taxistas cada vez que viajamos.
Hablo en plural, porque por lo general estoy con Herminia cuando nos pasan estas cosas. Como son varias las anécdotas y todas son interesantes desde diferentes puntos de vista, y por alguna hay que empezar, voy a hacerlo por una que nos pasó el fin de semana pasado:

Después de una noche de salida con amigos, nos volvimos desde Ramos Mejía en colectivo hasta Palermo. Desde ahí, nos quedaba un ratito más hasta la casa de Herminia, pero dado el frío que hacía, el dolor de cabeza que tenía ella y el dolor de estómago que tenía yo (me agarró un espasmo mal y no podía ni moverme), decidimos que lo mejor era no ser amarretas e invertir en un taxi en lugar de congelarnos durante la espera por el 67.

No podíamos sentirnos más afortunadas en el momento en que sin realizar seña alguna, uno de los automóviles de techo amarilla estacionó frente a nosotras para que bajase un pasajero y podamos subirnos nosotras. Todo era alegría ya que pudimos subir enseguida y refugiarnos en un lugar en el cuál nos sentíamos al menos un poquitititititito mejor que bajo el viento helado. Ahora... como todo aquello que es demasiado bueno, terminó durando poco.
Como respuesta a la indicación sobre adonde queríamos ir, obtuvimos la típica pregunta de:
Tachero - ¿Voy por algún camino en especial chicas?
Nos - Bueno, tome la calle Sarasa y después vaya por Av Lalalala.
Tacho man - Nahh... voy a ir por Cabildo que es mejor.
Nos - Eh... bueno... está bien (mirándonos entre nosotras con cara de "¿para qué mier.. preguntó?"
Tachero - ¡Qué linda es la edad de ustedes chicas... recién volviendo de la joda a esta hora de la mañana y yo laburando toda la noche!
Nos - (cri... cri... )
Tacho man - Yo tengo a una de la edá de ustedes. Mi Jermu. Así como me ves y todo, es la tercera. Soy un boludo también
Nos - Y... ¿con una no le alcanzó que tenía que reincidir?
Tacho man - Es que esta pendeja de mierda me enganchó.
Nos - Ah...
Tacho man - Seh... quedó embarazada la boluda y me tuve que hacer cargo de una nena y bancarmela a ella viviendo conmigo.
Nos - [imaginen nuestras caras, Herminia conteniendo una revolución estomacal y yo que no podía ni moverme del dolor que sentía en la boca del estómago, y las dos mirándonos sin poder creer lo que estábamos escuchando] Ud disculpe no... ¿pero me va a decir que a su edad no sabía cómo cuidarse? No le eche toda la culpa a su esposa.
Tacho man - Seh.. qué se yo.. me re cagó. No se cómo sacármela de encima. Yo le vivo insitiendo que se vaya'e casa y me deje a la nena. Pero la hija e puta no se va a ir ni en pedo, no se va ii. No labura, no hace una mierrrrda y tiene casa y morfi e arriba. ¿O te pensá quée boluda? É vaga, no boluda.
Nos - (cri... cri... ) [mirándonos entre nosotras e intentando contener la risa, más por el dolor que nos venía al reírnos que por una cuestión de respeto a Tacho man] Y bueno... ahora ya está... Con un preservativo se solucionaba. Ahora aguántese hombre.
Tachero - ¡No saben las que me hace! [Totalmente abstraído y sin prestar atención a lo que le contestábamos, si no, nos podría haber mandado a la mierda... ] Hoy sin ir má lejo, pinché una goma y la tuve que cambiá. Me enchivé todo, así que me fui pá casa pá cambiarme y pegarme una ducha. La muy turra me empezó a cuestioná de dónde llegaba todo enchivado. A los gritos diciendo que la cago con otra... y yo como un pelotudo arriba e este tacsi de mierda...
Nos - Bueno... son las cosas de la vida [bostezo, dolor, otro bostezo, más dolor... ] Esperemos que haya aprendido y no se mande otra macana de nuevo... Espere!! nos tenemos que bajar acá, se está pasando.
Tacho man - Ahh.. bueno... Las dejo chicaa.
[Efectuamos el pago correspondiente]
Nos - Adiós buen hombre. Tenga suerte con su vida y con su mujer. Y no meta la pata de nuevo, eh.
Tacho man - Nahh... otra vé no me enganchann. Eso me pasa por meterme con pendejaaa. Qué boludo...

viernes, 5 de septiembre de 2008

La teoría NPR

Recientes investigaciones llevadas a cabo por la Licenciada Herminia, han determinado que los hombres que expresan un particular interés hacia mi persona (o algún atributo de la misma), pertenecen al segmento que ha pasado a denominar:
"NRP", sigla para "Negro - Pelado - Recepcionista".
Si bien los experimentos realizados carecen de un sustento en el método científico, aún no se han encontrado los suficientes contraejemplos como para refutarlo (bueno... alguno que otro puede ser...).
Si bien todo esto pueden parecer nimiedades, aseguramos al público que puede ser de interés general para próximos posts de este blog (o algunos ya pasados como el del colectivero y los "angelitos").

jueves, 4 de septiembre de 2008

After del after...

Con mi cara ya lamida y con unas varias cervezas encima, decidimos que era hora de dejar el bar y retornar a nuestros respectivos hogares.
Caminamos hasta Alem con mi amiga y esperamos con ansias a que llegase el colectivo. El viento que soplaba revolviendo nuestros cabellos y bajando la temperatura de nuestros cuerpos, los cuáles estaban cubiertos al punto de parecer el muñeco de Michelín, y haciendo que el sólo hecho de divisar el autobus generara una alegría tremenda en nosotras.
Sin embargo, al ver que un colectivo de otra línea se estacionaba cerca de donde estábamos, tapandonos y haciendo que el conductor de nuestro medio de transporte no nos viera, nos avalanzamos sobre la calle, agitando nuestros brazos animadamente y arriesgando nuestras vidas en un intento desesperado por parar al vehículo en cuestión.
Finalmente, el amable colectivero nos vió, frenó y estacionó en la parada correspondiente para que pudiéramos abordar. Lo de amable, no fue sólo por el hecho de que haya parado (aunque era lo que correspondía, a veces estos sujetos siguen de largo dejándolo a uno mirando como son van y haciendo que recordemos a todas las integrantes femeninas de su familia), sino también porque con voz de galán de cine nos dijo mientras esperábamos para sacar el boleto:
- ¿Cómo iba a dejar a "los angelitos" abajo con el frío que hace y a esta hora?
- ...[Risa de compromiso... jeje] Gracias por lo de angelitos... *
- Y si... no es para menos... jeje
- Bueno... hasta Villa Adelina por favor.
- Como no angelito [sonrisa de cotè]
- [je je je... compromiso]
- ¿Vienen de un after no?
- ¿Eh... si... ? ¿Tanto se nota?
- Un poquito, pero no les queda mal..
-

*Nótese que teníamos cierto grado de alcohol en sangre.

Después de algunas charlas que amenizaron el viaje, llegó el momento en que mi amiga descendió, dejándome sola el resto del recorrido que me quedaba hasta casa. Mi fiel reproductor de MP3 me hizo compañía hasta que finalmente vi la esquina que uso de referencia para pararme, caminar hasta la puerta del colectivo y tocar timbre para poder bajar.
Una vez que hice lo anterior, el vehículo fue aminorando la velocidad hasta frenar. Sin embargo, la puerta no se abría, por lo que... como cualquier otro ser humano en esa situación haría, miré en dirección al chofer para ver si me daba alguna señal sobre lo que estaba pasando.
La señal fue muy clara. Estaba haciendo señas para que me acercara adónde estaba él. Todavía escuchando música, fui hasta adelante pensando (inocentuda yo... ) que la puerta de atrás no abría y que tenía que bajar por ahí.
Una vez que estaba en el lugar, el Sr Colectivero me dice:
- ¿Qué pensás si te invito a un After after after?
- [risa nerviosa] Pienso que me bajo en esta parada y me voy a dormir.
- Pero... una cervecita más no hace nada...
- Pero... me bajo y me voy a dormir. Chau.
Y bajé, riéndome sola, no se si de nervios o de boluda, pero por lo menos, llegué a casa. Aclaro que el colectivero era pelado. Ahora no se va a entender, pero a medida que vaya escribiendo, se van a ir enterando el porqué este detalle es importante para comprobar una teoría desarrollada por Herminia.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Uno solito... ¿si?

Después de unos meses sin ver a dos de mis más grandes amigos, quedamos en vernos en un bar que solemos frecuentar cada vez que queremos tomar unas buenas cervezas después del horario laboral.
Hacía un tiempo que yo no iba a uno de esos lugares e interactuaba con el típico ejemplar de macho argentino. Después de observar un rato el comportamiento de uno de estos individuos durante la ceremonia "levantística" frente a una señorita, pensé que nada podría despertar nuevamente mi capacidad de asombro.
Sin embargo, una vez más encontré a alguien que realmente hizo algo que no esperaba. La situación no fue nada extraordinaria. Mis amigos se fueron a fumar y yo quedé sola en la mesa cuidando la montaña de abrigos, cartera, bolso y bolsito respectivos, además de las respectivas pintas del brebaje de cebada fermentada.
No me extrañó que alguien se acercara y comenzara a dialogar conmigo sobre cosas superficiales. "¿En serio que no estás trabajando? ¿Y en serio que terminaste la facultad? Ay... te felicito... bla, bla, bla.. " Y ahí... vino enseguida la pregunta pelotuda y descolgada (si... sobre todo porque yo le contestaba con monosílabos mientras mandaba un mensaje de texto):

- ¿Te puedo dar un beso?
- ¿Por qué?
- Porque me dieron ganas.
- Ah.. ok... bueno.. a mi no.
- Pero dale. Uno solo... (como si por que fuera sólo uno ya me convenciera... no se.. "Dale... una cucharadita de cianuro... es una sola nomás.. " Dios!!! qué idiotas!)
- Ehh... nop... perdón... pero no.
- Pero uno chiquito.
- Ni chiquito ni grande.

Acto seguido, mientras yo esperaba que esta persona se retirara de mi mesa sin decir siquiera "chau pibe", ni mirarlo, siento una lamida en mi cachete. ¡¡¡¡¡PUAJJJJJJ!!!!! Si si... como lo escribo... una ¡¡LAMIDA!! Por favor... es el colmo de la boludez...
En fin... me quedé ahí sentada limpiándome el cachete cual niño besado por una tía bigotuda y esperando que volvieran mis amigos.

Nota final: Al rato nos cruzamos con el aparato lamedor y siguió insistiendo en que fuera hacia donde estaba porque tenía algo para decirme.... ay ay ay...